Si supieses que mañana es tu último día de vida ¿Harías lo mismo que tienes programado hacer?

Si tuviéramos en cuenta esta frase del magnífico Steve Jobs, aprovecharíamos cada minuto de nuestra vida como si fuera el último y disfrutaríamos al máximo de cada cosa que hacemos. En mi caso, una de las cosas que más feliz me hace es bailar y enseñar a la gente todo lo que sé.

Bailar profesionalmente es algo que me llena, pero poder transmitir lo que sé a mis alumnas, es algo que me realiza, tanto a nivel personal como profesionalmente; lo bueno es que tengo la oportunidad de hacer las dos cosas.

Empecé a dar clases, hace ya 10 años y reconozco que al principio no fue tarea fácil. Te das cuenta, de que no es lo mismo recibir clases que darlas, de que tienes que ser muy analítica, expresarte con claridad, tener muy claros los conceptos para poder transmitirlos, proporcionar sensaciones (que al fin y al cabo de eso es de lo que se trata la danza)  y lo más importante ser capaz de ilusionar a la gente.

He dado clase a principiantes, a gente de nivel medio, a nivel avanzado, a niñas que se preparan para exámenes e incluso a niñas de conservatorio y todas me han aportado cosas buenas.

Cada grupo es un reto, se trata de sacar lo mejor de cada alumna, pero teniendo en cuenta que los objetivos de cada grupo son distintos, es decir, no es lo mismo enseñar a un grupo de iniciación de adultos, cuyo principal objetivo es divertirse, hacer ejercicio y poder defenderse bailando flamenco, que a un grupo de nivel avanzado, cuyo objetivo principal es intentar dedicarse a la danza de forma profesional. En cualquier caso, siempre prima la ilusión y las ganas de superación.

Es muy gratificante ver la evolución de las alumnas, ver que poco a poco van obteniendo resultados y también ver cómo vas dejando tu sello personal.

Este curso hemos comenzado con fuerza y con muchas ganas de aprender cosas nuevas, y eso es algo que facilita mucho el trabajo, porque una buena profesora sin buenas alumnas no es nada.

Los inicios son duros, porque en la danza hay que ser muy constante y en el momento en el que paras, aunque sea solo una semana, el cuerpo lo nota y le cuesta arrancar, pero una vez puestos en marcha y siendo constante el resultado siempre es positivo.

Primero he empezado con un calentamiento que ayuda a preparar al cuerpo y a entrar en el ambiente de la clase. Después seguimos con un ejercicio, más enfocado a los brazos y al movimiento de las manos  y del torso, y para completar hacemos ejercicios que impliquen desplazamiento, para así tener conciencia del espacio. Por supuesto todo ello acompañado de una música que inspire y te haga brillar, como la de Ara Malikian, todo un genio y virtuoso del violín, que ha revolucionado la música para la danza, de hecho coreógrafos como Antonio Najarro la han utilizado en uno de sus espectáculos.

Bailar no solo son pasos y coreografías más o menos complejas, sino una manera de expresar los sentimientos a través del movimiento. La música genera en cada uno de nosotros energías diferentes, que podemos canalizar a través del movimiento, y eso es lo difícil de este arte.

Si eres capaz de emocionarte con el rasgueo de una guitarra o la suave melodía de un violín, serás capaz de transmitir emociones, y ¿Qué mejor forma de hacerlo que  a través de la danza?

 

 

http://vimeo.com/30729723

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